La vuelta a Cataluña con el Grand Tour

Texto por
Jordi Monner, de Lonely Planet
Tramo 5: Port de la Selva. © inmedia
© inmedia

La experiencia onírica total

Es sabido que mientras soñamos nuestra imaginación se desborda y podemos ir de un lugar a otro en menos de un nanosegundo, modificar el paisaje en el que nos encontramos a base de jugar con el espacio y el tiempo, e incluso vivir situaciones completamente dispares prácticamente en el mismo instante. Pues bien, el Grand Tour de Catalunya es lo más parecido a un sueño que pueda realizarse estando despierto: al recorrerlo se descubren, uno tras otro y en muy poco lapso de tiempo, paisajes muy diferentes, casi contradictorios, separados los unos de los otros por distancias casi pírricas, cada uno de ellos con su propia cultura, su gastronomía y su magia únicas. Además, a diferencia de los sueños, que se desvanecen prácticamente al despertarnos, esta experiencia onírica tiene la ventaja de permanecer en nuestra retina para siempre. 

Un itinerario circular

Vivir la aventura del Grand Tour de Catalunya es fácil, solo basta subir al coche, equiparse con un GPS o un buen mapa de carreteras y estar dispuesto a soñar despierto. 
Concebido como un itinerario circular que puede recorrerse en 13 días, desvelará el hechizo que envuelve los edificios modernistas de Barcelona –¿acaso hay algo más onírico que las caprichosas formas de una construcción gaudiniana?–, los secretos del etéreo macizo de Montserrat, la tradición y maestría que se esconde tras una botella de cava, la aún fresca huella de los romanos en la antigua Tarraco, la serena belleza del Delta de l’Ebre, la espiritualidad que se intuye en el monasterio de Poblet, el peso de la historia soportado por los castillos medievales de la Cataluña de poniente, lo minúsculo que se siente uno al contemplar el firmamento en la sierra del Montsec, el románico en estado puro de la Vall de Boí, la adrenalina que se activa al practicar deportes de aventura en los caudalosos ríos y cerrados valles del Pirineo, el surrealista legado del genial Dalí en L’Empordà, la fuerza telúrica constreñida en la Zona Volcànica de la Garrotxa, o la vibrante vida marinera de los pueblos que protegen el Camí de Ronda en la Costa Brava. Es la ventaja de recorrer un territorio de reducidas dimensiones pero con una variedad sin parangón, que abarca en pocos kilómetros altas cordilleras montañosas, un perfil costero donde se combinan playas de fina arena dorada con recoletas calas de difícil acceso, y llanuras interiores convertidas en inmensas huertas y viñedos.

Castellar de n'Hug
Tramo 4: el municipio de Castellar de n'Hug, en el Berguedà © Sergi Boixader 

 

El placer de un buen almuerzo

Además, cualquier viajero que se precie siempre incluye en su cuaderno de bitácora las especialidades gastronómicas locales entre los elementos a no pasar por alto, y en Cataluña no solo quedará satisfecho, sino que muy probablemente le faltará tiempo para probar todos los platos que vaya encontrando a su paso. Aquí están los calçots y las calçotades, una de las fiestas gastronómicas más divertidas y pantagruélicas, que le deja a uno hecho unos zorros al trajinar con cebolletas asadas y salsa de romesco. Y cualquier aprendiz de gourmet debe probar la escudella i carn d’olla, el trinxat, el suquet de peix y embutidos de nombres tan inauditos como espetec, xolís, bull o secallona. Sirva como referencia que en la costa el asunto va de arroces y platos de pescado, en el Pirineo y las zonas de alta montaña toca probar guisos tradicionales y sopas contundentes como la olla aranesa, y en el interior esperan platos de canelones bien gratinados, productos de la huerta y caracoles a la llauna o guisados de mil y una maneras. Eso sin hablar de la joven hornada de cocineros que, siguiendo la senda marcada por Ferran Adrià, han revolucionado el panorama gastronómico catalán elevándolo a la categoría de exquisito.
Y como no hay ágape que pueda llamarse tal sin un buen vino, el viajero debe saber que Cataluña tiene la friolera de 11 denominaciones de origen vinícolas propias y que el ruido del descorche de una botella de cava siempre acompaña cualquier fiesta o celebración. 

Priorat
Tramo 2: viñas en el Priorat © Sergi Boixader

Desafiar la ley de la gravedad

Pero no solo de comer y observar vive el ser humano. Más allá de la riqueza paisajística y arquitectónica, más allá de la gastronomía, Cataluña muestra orgullosa su lista de tradiciones, en cuyo podio siempre se encuentran los castellers, esas torres humanas que desafían la ley de la gravedad y que se han convertido en una de las grandes señas de identidad del país. Aunque para disfrutar las diferentes fiestas y tradiciones al máximo, lo mejor es, emulando a Leonardo DiCaprio en la película Origen, vivir un sueño dentro de otro sueño: hay que imaginar el propio coche convertido en una armadura medieval para ayudar a Sant Jordi a abatir al dragón frente a las murallas de Montblanc; o sentirse un auténtico Gulliver e interaccionar con los gigantes y cabezudos que se desperezan y salen a la calle en las fiestas mayores de innumerables pueblos esparcidos por toda la geografía catalana, siempre rebosantes de gente dispuesta a dar la bienvenida al recién llegado. 

Arrosars de Pals
Tramo 5: Arrosars del Pals © Dani Salva

Naturaleza desbordante y turismo sostenible 

Finalmente, para que la experiencia onírica sea completa, es imprescindible que los coloridos inputs que uno vaya encontrando en el recorrido se alternen con parajes naturales y remansos de paz. Y en eso Cataluña también supera cualquier expectativa, pues el Grand Tour de Catalunya cruza tranquilas zonas termales e innumerables parques naturales perfectamente protegidos que nos recuerdan a cada paso que es a la naturaleza a quien se lo debemos todo, absolutamente todo. Precisamente por ello, lo único que se le pide al visitante es que, además de disfrutar la experiencia al máximo, sea cuidadoso con todo lo que le rodea, en especial el patrimonio natural, pues tras él, cuando despierte y termine su viaje onírico, muchos otros le emularán a la hora de recorrer Cataluña en coche para, superando la fina línea que separa lo real de lo ilusorio, descubrir paisajes y lugares que les permitirán vivir un sueño con los cinco sentidos a pleno rendimiento.

Montserrat
Tramo 1: la emblemática montaña de Montserrat © Som Turisme 

Cinco etapas para viajar sin prisas

Aunque el Grand Tour de Catalunya puede recorrerse de un tirón en menos de dos semanas, cada vez son más quienes gustan viajar sin prisas, para empaparse de cada lugar, exprimirlo al máximo y descubrir sus secretos más ocultos. Que los amantes del slow trip tomen nota de esta ruta emblemática, pues está concebida para hacerse de una tacada, pero también a cachitos, 

Dividida en cinco tramos a cuál más tentador, cada uno de ellos tiene a la vez entre cinco y siete paradas para que el visitante pueda recorrerlos con la tranquilidad de saber que, una vez terminado el periplo, se habrá convertido en todo un experto en eso de descubrir el territorio sin dejarse nada en el tintero.

Pirineus
Tramo 3: Pirineos © Olivier Caillaud
  • El primero de estos tramos va de Barcelona a Tarragona en un sinuoso recorrido que pasa por la montaña de Montserrat, sube hacia el Bages cruzando el Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, baja luego hacia el Penedès, la tierra del cava, se acerca a Sitges, con su inigualable Palau Maricel, orilla la conocida Ruta del Císter y termina en Tarragona, cuyas piedras rezuman legado romano y medieval.
  • El segundo tramo, de Tarragona a Lleida, empieza a orillas del mar siguiendo las playas de la Costa Daurada, hace un pequeño quiebro para conocer Reus y su vermut, y continúa hasta el Delta de l’Ebre, donde esperan arrozales de una belleza prístina. Luego sigue el curso del Ebro aguas arriba, pasando por Tortosa, Horta de Sant Joan, pueblo que conserva la huella de Picasso, y Miravet, con su castillo templario, para entrar en el Priorat, comarca con regusto a vino. Cruza Montblanc y la comarca de Les Garrigues, célebre por su aceite, y llega a Lleida, que vive a los pies de su imponente Seu Vella.
  • El tercer tramo discurre entre Lleida y La Seu d’Urgell y permite conocer lo más abrupto del Pirineo catalán. Tras pasar por Balaguer, llega a Àger y la sierra del Montsec, con su observatorio astronómico, continúa hacia la Vall de Boí, cuyas iglesias románicas fascinan a propios y extraños, sigue por la Val d’Aran, comarca pirenaica por excelencia con idioma propio y pistas de esquí de ensueño, se adentra en el Parc Natural de l’Alt Pirineu, con paisajes montañosos que pueden contemplarse practicando rafting por aguas bravas, y termina en La Seu d’Urgell, con una oferta de quesos artesanos abrumadora.
  • El cuarto tramo, que cubre la distancia entre La Seu d’Urgell y Figueres, entra en el Parc Natural del Cadí-Moixeró, contempla la imponente cima del Pedraforca y se dirige hacia la Cerdanya, con pueblos tan evocadores como Bellver y Llívia, que luce la farmacia más antigua de Europa, para proseguir luego hacia Ripoll y su monasterio, cargado de historia y simbolismo. La cita siguiente es la Garrotxa, tierra de volcanes con una fuerza telúrica única, que vale la contemplar desde el cielo a bordo de un globo aerostático, se sigue por Besalú, una de las villas medievales mejor conservadas del país, y el lago de Banyoles, que conserva su propia leyenda, y se llega a Figueres, ciudad íntimamente asociada al universal Dalí.
  • El quinto y último tramo, cerrando el círculo, va de Figueres a Barcelona. Empieza en la Costa Brava, pasa por localidades míticas como Pals o Peratallada, asiste a la subasta del pescado en Palamós y llega hasta Tossa. Luego cambia el rumbo para acercarse a Girona, con sus casas a orillas del río Onyar y la antigua judería, da un nuevo quiebro en dirección a Vic, ciudad que es sinónimo de embutido, recorre luego el Montseny, declarado Reserva de la Biosfera, desde allí vuelve a la línea de costa para conocer el Maresme, con sus viejas casas de indianos, y finalmente llega a Barcelona, punto de partida del Grand Tour de Catalunya.

Para más información se puede visitar la web oficial de la ruta: http://grandtour.catalunya.com

Lonely Planet ha escrito este artículo con el apoyo de Agència Catalana de Turisme. Los autores de Lonely Planet aseguran su integridad y su independencia editorial siguiendo su propio criterio al margen de las instituciones que han prestado algún tipo de colaboración y nunca prometiendo nada a cambio como, por ejemplo, reseñas positivas.

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