Día 3

La plaza de la Corredera es el único ejemplo de plaza mayor andaluza. Desde ahí se puede partir de ruta por las iglesias medievales de Córdoba, en el barrio de la Axerquía. Hay que tomarse una copa de vino en una de las tabernas decanas de la ciudad, la Sociedad de Plateros de San Francisco, y comer en un clásico, Bodegas Campos.

Pasar la tarde en el palacio de Viana, paseando por sus 12 patios y jardines, ver atardecer en la postal de la Cuesta del Bailío y en la plaza de Capuchinos, con el Cristo de los Faroles en el centro, puede derivar en un síndrome de Stendhal que se cura cenando en Los Berengueles y tomando una copa en el Limbo.

 

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