San Carlos de Bariloche es uno de esos lugares que le atrapan a uno, no porque le retengan, sino porque le hacen sentir como en casa. Conocida como la “puerta de entrada a la Patagonia”, esta atractiva capital de los deportes de aventura es también la puerta de acceso a la argentina Región de los Lagos, un territorio salpicado de lagos, montañas y un halo de misterio.
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✩ Un refugio entre lagos y montañas.
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Senderos para todos los niveles
Para mí, Bariloche se parece más a un pueblo alpino suizo escondido entre los bosques de los Andes que a una ciudad de 136 000 habitantes. Situada a orillas del lago Nahuel Huapi, el mayor y más profundo de la Región de los Lagos, Bariloche es perfecta para recorrer a pie, aunque sus cuestas sirven de excelente entrenamiento para las rutas de montaña que esperan en el cercano Parque Nacional de Nahuel Huapi.
Muy cerca de la entrada del parque, en Villa Los Coihues, parten tres de mis senderos favoritos: el breve paseo de apenas 10 min hasta la impetuosa cascada de los Duendes; la caminata circular de 1 h hasta el mirador Lago Gutiérrez, con unas vistas espectaculares de la región; y la exigente ruta de 4 h que conduce al Refugio Frey, un refugio de montaña de aire rústico que se asienta a orillas de la laguna Toncek –después de la caminata, nada me gusta más que refrescar los pies en sus aguas heladas antes de recuperar fuerzas con un humeante plato del excelente guiso de lentejas que sirven en el refugio–.
Vista panorámica del Parque Nacional Nahuel Huapi desde el Cerro Campanario, Bariloche. © saiko3p / Shutterstock
Dormir en el corazón de los Andes
El Frey es el primero de los cuatro refugios que se encuentran a lo largo de la travesía de 46 km, un recorrido que cruza el parque nacional y que puede completarse en cuatro días, si el tiempo acompaña, yendo de refugio en refugio. Es imprescindible reservar el alojamiento con antelación, ya sea en la oficina del parque nacional en Bariloche o a través de su web. El refugio también es el punto de partida de más de un centenar de vías de escalada clásica y deportiva que ascienden por las esbeltas agujas de granito de los alrededores. Hay que llevar el material y una guía de escalada o, si se prefiere, contratar con antelación un guía y alquilar el equipo a través de empresas locales como Entropía Escalada.
Cuando no estoy escalando en los Andes, me gusta lanzarme al agua, por muy fría que esté. Alquilar un coche, utilizar el autobús o incluso hacer autostop, algo muy habitual por aquí, permite acceder fácilmente a numerosos lagos donde darse un baño. En las orillas del lago Nahuel Huapi, las playas Bonita y Serena disponen de todos los servicios, incluido socorrista durante la temporada, mientras que el lago Gutiérrez, de aguas algo más templadas, es uno de los lugares favoritos de los ciclistas para hacer una parada. En realidad, cualquier lago será una buena elección para hacer un descanso. Eso sí, aunque los únicos depredadores de la zona sean los pumas –normalmente evitan el contacto con los humanos–, conviene no perder de vista a Nahuelito, el legendario monstruo lacustre con aspecto de dinosaurio que, según cuentan, habita en las profundidades del Nahuel Huapi.
El refugio Frey rodeado de montañas. © Matyas Rehak / Shutterstock
El lado más dulce de Bariloche
Después de una larga caminata, una jornada de escalada o un baño en aguas heladas, llega el momento de regresar a la calle Mitre, la principal arteria de Bariloche, para saborear un chocolate caliente y unos gofres coronados con abundante nata Chantilly en Rapanui, un auténtico paraíso que rivaliza con la fábrica de chocolate de Willy Wonka. La calle Mitre está repleta de chocolaterías, pero Rapanui es la única que cuenta con su propia pista de patinaje sobre hielo y, además, ofrece la selección de bombones más tentadora de la ciudad, con la posibilidad de crear una caja personalizada eligiendo cada bombón al gusto.
De camino al aeropuerto suelo tomar la Ruta 40. Poco antes de llegar a la calle Rivadavia veo, junto a la carretera, un gran santuario decorado con banderas rojas y pequeñas figuras dedicado al popular Gauchito Gil, protector de los viajeros. Es tradición que los camioneros argentinos le pidan protección para llegar sanos y salvos a su destino. No estaría de más que el viajero también lo haga. Eso sí, si la aventura termina bien, algún día habrá que regresar para dejarle una ofrenda en señal de agradecimiento.
No te vayas sin...
Recorrer la espectacular Ruta de los Siete Lagos, un itinerario de 110 km que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes y atraviesa algunos de los paisajes más espectaculares de la Patagonia.
Subir en telesilla al cerro Campanario para disfrutar de una panorámica de 360 grados sobre el lago Nahuel Huapi, el centro de esquí del cerro Catedral y el Hotel Llao Llao, histórico resort de lujo junto al lago, que ha recibido a numerosos jefes de Estado y otras personalidades internacionales.
Descubrir la cocina creativa del Ãnima Restaurante, elaborada con productos locales y acompañada de vinos argentinos, en un acogedor comedor rodeado de árboles.