Alzándose sobre la estepa como un espejismo futurista de cristal y acero, la audaz y dinámica capital de Kazajistán es el legado del expresidente Nursultán Nazarbáyev y de su visión de futuro del país. Sus monumentales avenidas, enormes esferas cromadas y megaconstrucciones con forma de yurta y de pirámide reflejan la ambición de Astaná de convertirse en la ciudad tecnológicamente más avanzada de Asia Central.
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✩ El nuevo rostro de Asia Central.
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Colgantes de oro con forma de carnero y de ciervo, elaborados hace miles de años por los antiguos pueblos nómadas que recorrieron la estepa euroasiática, brillan en las vitrinas del Museo Nacional de la República de Kazajistán. En otras salas de este impactante edificio de cristal y piedra, esculturas antropomorfas, recipientes de bronce, armas y cerámicas halladas en túmulos funerarios narran siglos de historia humana. Necesité un par de horas largas para recorrerlo con calma y admirar también el luminoso vestíbulo de entrada, donde un águila real dorada parece sobrevolar un gran mapa del país.
Justo enfrente se alza el Palacio de la Paz y la Reconciliación, una pirámide de cristal, granito y acero de 62 m de altura diseñada por Norman Foster como símbolo de la convivencia pacífica entre las distintas religiones y culturas de Kazajistán. La visita guiada permite recorrer su impresionante atrio y contemplar una maqueta de la Astaná de la década del 2030, pero mi rincón favorito fue el Jardín de Invierno situado en la cúspide de la pirámide, decorado con plantas y con vidrieras del artista británico Brian Clarke.
La icónica Torre Bayterek con el skyline de Astana de fondo. © Pictures of your Life/Shutterstock
Una ciudad pensada para sorprender
La voluntad de Nursultán Nazarbáyev de convertir Astaná en la capital del Kazajistán del s. xxi se hace evidente al recorrer el Bulevar Nurzhol, diseñado por el prestigioso arquitecto japonés Kisho Kurokawa. Este simbólico “Camino de la Luz”, de 3 km de longitud, une el Ak Orda (la sede presidencial) con el centro comercial Khan Shatyr, cuya silueta recuerda a una yurta torcida… o quizá al sombrero de un mago. Su revestimiento exterior absorbe el calor y mantiene temperaturas veraniegas en el interior incluso durante los meses más fríos del invierno. A lo largo del paseo me impresionaron especialmente las torres verde dorado del Parlamento, el gigantesco edificio en forma de huevo que alberga el Archivo Nacional, el sinuoso conjunto de rascacielos Northern Lights y el monumento Bayterek, una torre de estructura reticulada coronada por una esfera de cristal inspirada en la leyenda kazaja del ave mítica Samruk, que pone un huevo de oro donde se esconden los secretos de la felicidad, fuera del alcance de los humanos.
Vista del Nur Alem Pavilion Sphere. © Sembi Production for Lonely Planet
Aún más llamativo me pareció el Nur Alem, instalado dentro de una enorme esfera reluciente que recuerda a la Estrella de la Muerte de Darth Vader. Diseñado por Adrian Smith + Gordon Gill Architecture para la Expo de Astaná del 2017, hoy alberga el museo más ambicioso de Kazajistán, dedicado a las energías renovables. Tras experimentar con sus exposiciones interactivas y multilingües sobre energía espacial, proyectos hidroeléctricos y energía solar, me sorprendieron e inspiraron muchas de las soluciones que plantea para los desafíos energéticos globales, desde la tecnología portátil Bionic Power hasta GreenWave, un sistema capaz de aprovechar la energía del agua. El broche final lo pone la visión de una Astaná sostenible y eficiente desde el punto de vista medioambiental proyectada para el 2050, en la planta superior.
No toda la espectacular arquitectura contemporánea de la capital apuesta por un estilo ultrafuturista. Mi última parada fue la Gran Mezquita de Astaná, la mayor de Asia Central, inaugurada en el 2022 y con capacidad para 230 000 fieles. Me impresionó comprobar cómo su diseño, obra del estudio emiratí Dewan Architects, hunde sus raíces en siglos de tradición islámica kazaja e incorpora numerosos guiños a la cultura nacional.
Firmemente anclada en la tradición, pero abrazando al mismo tiempo el futuro, Astaná transmite la sensación de ser una ciudad que por fin ha encontrado su propia identidad. Y ahora es, sin duda, el momento perfecto para descubrirla.
No te vayas sin...
Comer en el restaurante Qazaq Gourmet y descubrir versiones contemporáneas de la cocina tradicional kazaja, como el cordero braseado en leche de camella, mientras suena una dombra (el tradicional instrumento de cuerda kazajo) eléctrica.
Ir de compras al Khan Shatyr, el centro comercial con forma de yurta diseñado por Norman Foster. En la planta superior hay un club de playa con piscina y una playa de arena.
Subir a lo alto del monumento Bayterek, de 97 m de altura, para disfrutar de magníficas vistas del Bulevar Nurzhol y colocar la mano sobre la huella dorada del expresidente Nazarbáyev.