Isla del Príncipe Eduardo, Canadá

Escrito por
Caroline Trefler, Lonely Planet

14 Septiembre 2026
3 min de lectura
© Pinkcandy/Shutterstock
Un barco en el puerto de la Isla del Príncipe Eduardo.

La Isla del Príncipe Eduardo forma la provincia más pequeña de Canadá, pero su atractivo es inmenso. Faros, playas de arena blanca, acantilados de arenisca roja y suaves colinas de un verde intenso invitan a descubrirla en coche, en bicicleta o a pie. Y su sobrenombre, “la isla gastronómica de Canadá”, deja claro que aquí se come de maravilla, se vaya donde se vaya.

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✩ Naturaleza, gastronomía y literatura en una sola isla.

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Tras las huellas de Lucy Maud Montgomery

Soy canadiense y crecí en una familia de pelirrojos. Quien conozca el libro Ana, la de Tejas Verdes ya podrá imaginar lo que eso significó durante mi infancia: mucho antes de comprender qué era viajar, ya sabía que la Isla del Príncipe Eduardo era un lugar mágico. Mientras que unos llegan atraídos por sus paisajes y su gastronomía, otros lo hacen siguiendo los pasos de Ana, la inolvidable huérfana pelirroja creada por Lucy Maud Montgomery.

Ana, la de Tejas Verdes ha sido traducida a más de 35 idiomas y ha vendido más de 50 millones de ejemplares; además, ha inspirado películas, series de televisión, obras de teatro y musicales. Ana resulta tan fascinante porque, además de ser una niña de fuerte carácter, es una soñadora y una narradora capaz de descubrir belleza y misterio en todo cuanto la rodea. Creo que muchos niños se sienten identificados con ella, pero yo experimentaba una conexión especial: tenía 10 años cuando mi tía, con su inconfundible melena de color zanahoria, me regaló un ejemplar de tapa dura de Ana, la de Tejas Verdes. Siempre releía mis libros favoritos una y otra vez, pero este era diferente; para mí se convirtió casi en un talismán.

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La casa que se utilizó para la serie de Ana la de Tejas Verdes en la Isla del Príncipe Eduardo, Canadá. © Deatonphotos/Shutterstock

En la Isla del Príncipe Eduardo se puede visitar la granja Green Gables, del s. xix, que inspiró la ficticia Tejas Verdes, donde el viajero podrá asomarse a la Biblioteca Encantada, recorrer el Bosque Encantado y el Camino de los Enamorados, y contemplar el Lago de las Aguas Relucientes. También merece la pena el Anne of Green Gables Museum, ubicado en la granja de los tíos de Lucy Maud Montgomery y decorado con numerosos objetos personales de la escritora.

Mucho más que el escenario de una novela

Pero la magia de la isla va mucho más allá de Ana. Cuando por fin tuve la oportunidad de visitarla, recorrí en bicicleta un tramo del Confederation Trail, una vía verde de 449 km que cruza la isla de un extremo al otro. Caminé por la pasarela flotante del Greenwich National Park y paseé descalza por la playa. Me relajé en las piscinas termales del Mysa Nordic Spa y, aunque solo fueron unos pocos segundos, también me atreví a sumergirme en su piscina de agua helada. Probé las famosas ostras de la isla, arándanos, patatas, lobster rolls y caballa recién asada que yo misma había pescado. Y, sobre todo, conocí a infinidad de grandes narradores.

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Vista del faro New London Rear Range en la Isla del Príncipe Eduardo, Canadá. © Deb Snelson/Getty

En Georgetown, Peter Llewelyn, propietario de la joyería artesanal Shoreline Design y antiguo alcalde de la localidad, nos entretuvo con las historias de su vida mientras hacíamos un paseo. Nos costó despedirnos de Therese, la autoproclamada guardiana del Mair Family Museum –un cartel en la entrada advierte: “Abierto por casualidad”–, que compartió con nosotros historias familiares de varias generaciones reflejadas en la extraordinaria colección de objetos del museo. Ya en el mar, Perry Gotell, propietario de Tranquility Cove Adventures, nos cautivó con sus relatos sobre la pesca de la langosta, la captura de cangrejos y el cultivo de mejillones. En el Inn at Bay Fortune, el agricultor Kevin Petrie conquistó al público explicando sus prácticas de agricultura sostenible, mientras que el chef y recolector Nick Chindamo nos ofreció una auténtica lección de botánica durante un paseo dedicado a descubrir las plantas y verduras marinas comestibles de la isla. Mientras él iba recogiendo pequeñas muestras para que las oliéramos y probáramos, yo anoté en mi cuaderno que estaba aprendiendo a contemplar el paisaje como si fuera una ensalada.

La Isla del Príncipe Eduardo es pequeña, pero inspira un sinfín de historias.

No te vayas sin...

Asistir al FireWorks Feast del Inn at Bay Fortune; la experiencia comienza con ostras y aperitivos asados servidos en el jardín, y culmina con una espectacular cena junto a la gran chimenea. 

Disfrutar de un baño al atardecer en el Mysa Nordic Spa, seguido de una cena en el restaurante, reservado exclusivamente para los huéspedes. 

Pasar la mañana del sábado en el Charlottetown Farmers Market, un mercado abierto todo el año, en busca de artesanía local y de deliciosos productos para degustar allí mismo o llevarse a casa como recuerdo.

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