Recorrer el St Cuthbert's Way hasta Lindisfarne, Reino Unido

Escrito por
Oliver Smith

17 Septiembre 2026
4 min de lectura
© Will Perrett/Getty Images
Barcos de pesca se alinean en la orilla cerca del castillo de Lindisfarne.

El St Cuthbert's Way es una ruta que serpentea por las agrestes tierras altas de la frontera entre Inglaterra y Escocia, siguiendo los pasos del santo medieval que le da nombre (san Cutberto). Su tramo más espectacular es el último, cuando los peregrinos deben cruzar a pie una llanura intermareal durante la bajamar para alcanzar la isla sagrada de Lindisfarne.

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✩ Una de las grandes rutas de peregrinación de Gran Bretaña.

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Situada en el ventoso extremo nororiental de Inglaterra, la isla mareal de Lindisfarne ha sido uno de los grandes destinos de peregrinación del país durante siglos. La mayoría de los visitantes llega en coche, cruzando una calzada de 5 km que solo queda al descubierto durante unas horas, cuando baja la marea y las aguas se retiran. Otros, muchos menos, llegan en barco, viendo cómo las dunas cubiertas de barrón emergen entre las olas del mar del Norte, y quizá, al divisar las ruinas del priorato de Lindisfarne, recuerdan que la isla fue uno de los primeros grandes focos del cristianismo en las islas británicas.

El camino que desaparece bajo el agua

Pero los peregrinos más entregados llegan a Lindisfarne a pie. Cruzan descalzos desde tierra firme durante la bajamar, escuchando los graznidos de las aves marinas y notando el barrón de la llanura intermareal entre los dedos de los pies, conscientes de que el mar volverá muy pronto y el camino sagrado desaparecerá bajo el agua. Yo realicé esta travesía al terminar el St Cuthbert's Way, una ruta de 100 km que probablemente sea lo más parecido que existe en la Gran Bretaña actual al Camino de Santiago. San Cutberto es el santo más venerado del norte de Inglaterra. Nacido en el año 634, pasó largas temporadas en plena naturaleza y recorrió enormes distancias a pie para difundir su fe. Como obispo de Lindisfarne, buscaba con frecuencia la soledad de los rincones más salvajes de la isla, convencido de que era allí donde podía escuchar con mayor claridad la voz de Dios.

La ruta que lleva su nombre es relativamente moderna y fue diseñada para enlazar los lugares más estrechamente vinculados con la vida del santo. Peregrinos creyentes –y muchos otros que no lo son– recorren durante varios días este sendero salpicado de flores silvestres, regresando cada noche a la comodidad de las camas de las posadas de los pueblos. La ruta atraviesa algunos de los rincones menos poblados de Gran Bretaña, y resulta fácil suponer que muchos de esos paisajes apenas han cambiado desde los tiempos de san Cutberto.

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Las ruinas de la abadía de Melrose, en los Borders escoceses, construida en el siglo XII y lugar donde reposa el corazón del rey Robert the Bruce. © Binson Calfort / Shutterstock

Tras las huellas de san Cutberto

Mi caminata comenzó cuatro días antes, en Escocia, junto a las ruinas de la abadía de Melrose, donde Cutberto se formó cuando era joven. Poco después aparecieron los montes Cheviot y vi como el sendero discurría entre desolados páramos, antiguos castros y asentamientos anglosajones. La frontera entre Inglaterra y Escocia llegó de forma casi inesperada, reducida a una simple valla en medio de un prado, aunque en los tramos más tranquilos y hermosos del St Cuthbert's Way tuve la sensación de caminar por otra frontera, la que separa lo cotidiano de lo espiritual, lo moderno de lo místico.

San Cutberto también es recordado por el extraordinario viaje que emprendió después de su muerte. Tras las incursiones vikingas del s. ix, quienes custodiaban los restos del santo los trasladaron durante siete años para protegerlos. Según la tradición, uno de los lugares donde los ocultaron fue la St Cuthbert’s Cave (cueva de San Cutberto), una magnífica cavidad rocosa escondida entre frondosos bosques donde hoy los senderistas se refugian del sol y de la lluvia.

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Vista desde la cueva de San Cutberto. © daverhead/Getty Images

El tramo más esperado

Para mí, el momento más emocionante de la ruta llegó en los últimos kilómetros, allí donde las llanuras intermareales se transformaban en un espejo que reflejaba a la perfección un cielo azul grisáceo. El sabor salado del mar, la atención constante para calcular el momento exacto de la travesía y la certeza de que el camino desaparecerá bajo el agua convierten este tramo en una experiencia que exige planificación y humildad. Aquí, en uno de los países más densamente poblados de Europa Occidental, todavía es posible encontrar horizontes inmensos y, en algunos rincones, la misma soledad que san Cutberto buscó hace casi 14 siglos.

No te vayas sin...

Explorar la abadía de Melrose, una evocadora ruina medieval adornada con gárgolas, dragones y santos esculpidos en la piedra. 

Brindar por el final de la ruta con una pinta en el Ship Inn, el mejor pub de Lindisfarne, y pasar allí la noche para disfrutar del ambiente de la isla cuando ya se han marchado los excursionistas. 

Visitar el castillo de Lindisfarne, una fortaleza del s. xvi encaramada a un promontorio en el extremo oriental de la isla y visible en el horizonte durante los últimos kilómetros del St Cuthbert's Way.

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