Véneto, Italia

Escrito por
Julia Buckley, Lonely Planet

17 Septiembre 2026
4 min de lectura
© f11photo/Shutterstock
Vista del casco antiguo de Verona

El Véneto, en el noreste de Italia, atrae a millones de visitantes que tienen un único destino: Venecia. Pocos se aventuran a descubrir todo lo que ofrece el resto de la región. Sin embargo, el Véneto es una Italia en miniatura, con espectaculares paisajes naturales, desde los Dolomitas hasta el lago de Garda, magníficas ciudades renacentistas como Verona y Padua, y algunos de los mejores vinos y especialidades gastronómicas del país, entre ellos el prosecco y el legendario tiramisú.

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✩ Una región que reúne lo mejor de Italia.

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Si uno imagina ciudades medievales y arte renacentista, le añade montañas, playas y uno de los grandes lagos de Europa, y complementa la mezcla con una gastronomía y unos vinos de primer nivel, tendrá como resultado... ¿Italia?, ma certo, pero más concretamente, el Véneto. Esta región del noreste italiano reúne lo mejor del Bel Paese (“el país hermoso”), aunque a menudo queda eclipsada por su capital, Venecia. Al fin y al cabo, ¿qué puede rivalizar con La Serenissima?

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La Basílica Pontificia de San Antonio de Padua. © ColorMaker / Shutterstock

El Véneto de las grandes ciudades históricas

Para empezar, Padua. De hecho, podría decirse que el Renacimiento comenzó aquí, en 1305, cuando Giotto empezó a decorar una capilla encargada por el prestamista Enrico Scrovegni. El pintor ya era una celebridad, pero los frescos de la capilla de los Scrovegni marcaron un antes y un después: sus escenas de la vida de Jesús y de la Virgen figuran entre las primeras representaciones de las emociones humanas en la historia del arte. Fue aquí, bajo el cielo azul y la bóveda sembrada de estrellas pintados por Giotto, donde me enamoré por primera vez de la pintura. Era como si las paredes hablaran.

Ese es el gran encanto del Véneto. Mientras que la extraordinaria belleza de Venecia puede llegar a resultar abrumadora –incluso para alguien como yo, que vivo allí–, el resto de la región ofrece una Italia cotidiana salpicada de auténticos tesoros históricos. Los soportales medievales de Padua son una delicia. La principal avenida de Vicenza, Corso Palladio, es un desfile de palacios renacentistas levantados sobre la antigua vía romana. Y en Verona, el legado romano sigue muy presente: su anfiteatro de piedra rosada es uno de los mejor conservados del mundo.

Las localidades más pequeñas también tienen un encanto especial. Chioggia, junto a la costa, es una pequeña Venecia, y los canales recorren el elegante centro renacentista de Treviso. Por su parte, Bassano presume de su Ponte Vecchio, un puente de madera sobre el río Brenta diseñado por el gran arquitecto renacentista Andrea Palladio. Natural de Vicenza, Palladio llenó las onduladas colinas Euganeas de magníficas villas; mi favorita, Villa la Rotonda, inspiró el diseño de la Casa Blanca.

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Vista del pico Marmolada con flores, la montaña más alta de los Dolomitas. © Daniel Prudek / Shutterstock

Paisajes con denominación de origen

¿Que se prefiere la naturaleza? Poniendo rumbo norte, se llegará a otra pieza del Patrimonio Mundial de la Unesco de la región: los Dolomitas. De camino, merece la pena detenerse en las Colinas del Prosecco, también protegidas por la Unesco, para degustar su popular vino espumoso. Además, la vida en estas montañas teñidas de tonos rosados no gira solo en torno al esquí y el senderismo. También constituyen un destino perfecto para recorrer en coche: se puede pasar la mañana entre las nubes en el Museo de Montaña Messner de los Dolomitas, a 2180 m de altitud, y después descender para disfrutar de las especialidades alpinas en El Brite de Larieto, un agriturismo a las afueras de Cortina recomendado por la Guía Michelin.

Si lo que se busca es el dolce far niente, ese arte italiano de disfrutar sin prisas, la península que separa la laguna de Venecia del Adriático ofrece kilómetros de playas de arena dorada y aguas poco profundas, desde Punta Sabbioni hasta Jesolo. Al oeste de Verona espera el resplandeciente lago de Garda, el mayor de Italia. Se pueden recorrer sus aguas en ferri, seguir por carretera la misma ruta que James Bond en Quantum of Solace o adentrarse en las colinas para descubrir los otros grandes vinos de la región, Valpolicella y Amarone, que también aportan un sabor extraordinario al risotto

Todo esto es la dolce vita al estilo del Véneto. ¿Por qué ir a cualquier otro lugar?

No te vayas sin...

Asistir a un concierto en el Teatro Olímpico de Vicenza, el teatro de obra más antiguo del mundo, diseñado por Palladio, que sigue acogiendo representaciones de forma regular. 

Navegar hasta Lombardía. El lago de Garda se extiende entre las dos regiones, y un ferri hasta Sirmione no solo lleva al otro lado de la frontera sino que constituye un viaje al pasado gracias a los vestigios medievales y romanos que se ven en la travesía. 

Probar un auténtico tiramisú. Se dice que el postre más emblemático de Italia nació en Le Beccherie, en Treviso, como un reconstituyente para la propietaria del restaurante, Alba Campeol, durante su embarazo.

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