Crecí en Rhode Island y siempre me encantó pasear por las calles empedradas de Newport y disfrutar del animado ambiente veraniego que llenaba la ciudad. Hoy en día, sus festivales de música y sus mansiones de la Edad Dorada son de sobra conocidos, pero pocos saben que, muy cerca, en la bahía de Narragansett, es posible convertirse por una noche en el guardián de uno de los faros más emblemáticos del estado.
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✩ Un refugio entre el cielo y el mar.
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Salvar un icono de la bahía
Coronando una isla de 7 Ha en la bahía de Narragansett, entre Newport y Jamestown, el faro de Rose Island fue construido en 1870 para servir de guía a los barcos que navegaban por la bahía. Quedó obsoleto en 1969, cuando la inauguración del puente de Newport trajo consigo nuevos sistemas de apoyo a la navegación, y sus edificios comenzaron a deteriorarse. Decidido a evitar que este valioso patrimonio histórico y este espacio natural privilegiado acabaran abandonados, vandalizados o en manos privadas, un grupo de vecinos comprometidos unió esfuerzos para salvar el faro, restaurar sus edificios y proteger la isla.
Hoy, la labor de aquellos primeros impulsores –entre ellos Charlotte Johnson, cofundadora de la Rose Island Lighthouse Foundation– continúa gracias a una organización sin ánimo de lucro, un equipo de trabajadores de temporada y numerosos voluntarios. La isla está abierta no solo a las aves residentes y migratorias que encuentran refugio en este santuario de vida silvestre, sino también a los visitantes, incluidos quienes desean convertirse en 'guardianes' del faro por una noche: entre abril y octubre, es posible alojarse en los edificios restaurados. Durante el día, el faro funciona como museo, pero como ya no cuenta con un farero residente, la fundación brinda la posibilidad de pasar la noche tanto en el edificio del faro como en unos restaurados barracones de finales del s. xviii.
Faro de Rose Island. © Elbert Baez / Shutterstock
El lujo de la sencillez
Gracias a la electricidad generada por paneles solares, la ausencia de wifi y el agua procedente de cisternas de recogida de lluvia, alojarse aquí es una experiencia casi totalmente desconectada del resto del mundo, que evoca la época de mayor esplendor de la isla, a principios del s xx. En ningún otro lugar del estado se disfruta de mejores vistas sobre la bahía que desde lo alto de la torre del faro, contemplando tanto el amanecer como el atardecer y admirando de cerca la extraordinaria lente de Fresnel (la que puede verse hoy es una réplica de la original) del propio faro.
Los huéspedes disponen de una cocina totalmente equipada y de barbacoas, pero como en la isla no hay restaurantes ni tiendas, conviene llevar toda la comida necesaria para la estancia (o para un pícnic si solo se va a pasar el día). Yo compré unos corn muffins en East Ferry Deli, en Jamestown, para tostarlos a la parrilla y desayunar al día siguiente.
Faro de Castle Hill al atardecer, Newport, Rhode Island. © Marianne Campolongo / Shutterstock
Entre aves, mareas y atardeceres
Una estancia en el faro de Rose Island es una invitación a contemplar el mar o pasear por la playa; gracias a las corrientes que recorren la bahía, la orilla suele estar cubierta de conchas, cristales pulidos por el mar y madera de deriva arrastrada por las olas. Cuando estuve allí, nos bañamos tanto en la playa como junto al embarcadero del ferri (obviamente, en el momento en que no estaba llegando ni partiendo ninguna embarcación). Los martes y domingos por la tarde pueden verse las regatas de veleros J-22 navegando por la bahía. Además, en los edificios del complejo hay residencias para artistas de Rhode Island, con lo que quizá se tenga la suerte de encontrar alguna exposición temporal que ofrezca una nueva mirada sobre este paisaje.
Durante la temporada de nidificación de las aves, entre el 1 de marzo y el 15 de agosto, algunas zonas de la isla permanecen cerradas al público. Aun así, todavía se podrán asar nubes de azúcar en la barbacoa, retozar en la pradera o relajarse en clásicas sillas Adirondack mientras se disfruta de la belleza de este pequeño rincón de Nueva Inglaterra.
No te vayas sin...
Recorrer la orilla en busca de cristales pulidos por el mar, caracolas de buccino y cráneos de gaviota, que a menudo los peces dejan completamente limpios antes de que las corrientes los devuelvan a la isla.
Pasear por la galería que rodea la parte superior del faro para disfrutar de unas espectaculares vistas de 360 grados sobre la bahía.
Respirar el aire fresco del mar durante la travesía a bordo del ferri Jamestown-Newport o del Rose, la embarcación oficial de pasajeros de la isla.