1. Sobrevolar la "última frontera" en Alaska (Estados Unidos)
Glacier Bay National Park, Alaska. ©Hank Shiffman / Shutterstockk
Es fácil adivinar por qué Alaska es conocida como la “última frontera” al sobrevolar este inmenso territorio de glaciares, bosques y montañas. El estado más grande de EE UU es también el más agreste: apenas un 20% de su territorio es accesible por carretera, por lo que no hay mejor manera de contemplar este sobrecogedor rincón del norte que desde el aire, en un vuelo panorámico.
2. Atreverse con un chapuzón polar en la Antártida
Hermoso iceberg azul y témpano de hielo en la bahía del Almirantazgo, isla Rey Jorge, Antártida. ©Don Fink/Getty images
De todas las experiencias que he vivido, lanzarme desde una zodiac al océano Austral, frente a la península Antártica, fue la más extrema de todas. La intensa descarga de adrenalina de la anticipación quedó inmediatamente eclipsada por el impacto de sumergirme en unas aguas a 0°C. Nunca volví a ser la misma.
3. Bailar un apasionado tango en Buenos Aires (Argentina)
Plano general de bailarines interpretando un tango en una esquina de Buenos Aires. ©Thomas Barwick/Getty Images
La frenética capital de Argentina es una ciudad vibrante y apasionada donde, cada día, parejas y desconocidos se unen en un abrazo para bailar tango. Contemplar este célebre baile en su ciudad natal, Buenos Aires, es una experiencia fascinante, pero atreverse a bailarlo es aún más emocionante. Es hora de olvidar los espectáculos para turistas y lanzarse a la pista junto a los porteños.
4. Sumergirse en el arte del desierto rojo australiano
Turistas haciendo senderismo en Kings Canyon, en el interior de Australia Central. ©CYSUN / Shutterstock
El outback australiano suele describirse como un lugar llano y árido. Sin embargo, aunque esté aislado, el corazón de Australia está muy lejos de ser un territorio vacío. Cuanto más tiempo el viajero dedica a contemplar su paisaje, más ve como cambia ante sus ojos, revelando una belleza inesperada y una naturaleza vibrante a quienes saben detenerse a observarlo… o a plasmarlo sobre un lienzo.
5. Maravillarse con el bosque nuboso de Monteverde (Costa Rica)
Volcán Arenal, en el centro de Costa Rica, visto desde Monteverde. ©L_B_Photography / Shutterstock
El bosque nuboso tropical de Monteverde es un lugar como ningún otro. Envuelto entre etéreos velos de niebla, resonando con el canto de las aves y, literalmente, rebosante de vida, este mundo primigenio ofrece una experiencia mágica para todos los sentidos: da la oportunidad de desconectar de la jungla urbana y adentrarse en una naturaleza que se presenta en estado puro.
6. Embarcarse en un crucero de expedición por las islas Galápagos (Ecuador)
Vista de dos playas de la isla Bartolomé, en el Parque Nacional Galápagos. ©npavlov / Shutterstock
Situadas a unos 965 km de la costa continental de Ecuador, las remotas islas Galápagos figuran entre los mejores destinos del mundo para la observación de fauna. Vinculadas para siempre a Darwin y a la teoría de la evolución, albergan una asombrosa diversidad de paisajes y especies, muchas de ellas endémicas de estas islas, sus mares y sus cielos.
7. Visitar los museos de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos)
El rascacielos Capital Gate en Abu Dabi. ©Konstantin Tcelikhin/Shutterstock
No tenía muy claro qué esperaba encontrar en Abu Dabi, más allá de rascacielos y emociones fuertes. Pero la impresionante arquitectura de las instituciones culturales de esta ciudad en constante evolución me dejó sin palabras. Contemplé con admiración los resplandecientes edificios concebidos por grandes maestros como Jean Nouvel, cuyo Louvre Abu Dabi es tan extraordinariamente bello que cuesta creer que sea real.
8. Recorrer la histórica Ruta Napoleón (Francia)
Formaciones de margas negras cerca de Digne-les-Bains, en el Geoparque de Alta Provenza. ©Chris Hellier/Getty Images
La Ruta Napoleón es un recorrido mítico que atraviesa pueblos costeros, mesetas impregnadas del aroma de la lavanda y paisajes alpinos de aire cinematográfico, siguiendo el legendario itinerario que el emperador exiliado recorrió en 1815 desde la Costa Azul y la Provenza hasta los Alpes franceses. Se trata de una ruta para disfrutar sin prisas, pues en ella confluyen la historia, paisajes espectaculares y destinos poco conocidos.
9. Sumergirse en un inesperado mundo submarino (Grecia)
Buceador explorando y disfrutando de la vida marina del Mediterráneo. ©ultramarinfoto/Getty Images
Las islas y penínsulas de Grecia son la puerta de entrada perfecta al mar Egeo y al fascinante mundo que se esconde bajo su superficie: un paraíso para el buceo entre pecios y cuevas, fruto de siglos de exploración marítima. Del mismo modo que la Acrópolis de Atenas rinde homenaje al legado de la Antigua Grecia, cada tramo de costa cuenta su propia historia sobre las personas y la vida marina que han encontrado aquí su hogar.
10. Subir a bordo del Ferrocarril Darjeeling del Himalaya (India)
Tren del Ferrocarril del Himalaya de Darjeeling en la estación de tren de Darjeeling. ©beibaoke/Shutterstock
Puede parecer extraño que los viajeros que visitan la ciudad de montaña de Darjeeling, en el este de la India, hagan cola para subir a un tren que tarda 2 h en recorrer apenas 14 km. Pero es que en el Ferrocarril Darjeeling del Himalaya, conocido cariñosamente como el “Tren de Juguete”, el verdadero atractivo reside en el propio viaje.
11. Dejarse maravillar por el espectacular fiordo de Killary (Irlanda)
Vista panorámica desde Leenane en la cabecera del puerto de Killary. ©Pierre Leclerc / Shutterstock
En plena Wild Atlantic Way, en el oeste de Irlanda, escondido entre la intrincada costa y las estrechas carreteras de Connemara, el fiordo de Killary es un firme candidato a ser el lugar más sobrecogedor y con la belleza más conmovedora de todo el país. Y eso, en Irlanda, es mucho decir.
12. Recorrer el Sendero Costero de Michinoku (Japón)
Playa en Taro. A lo largo del sendero costero Michinoku. ©Solveig PLACIER/Getty Images/Pho
En el norte de Honshū, la isla principal de Japón, la hermosa e histórica región de Tōhoku suele quedar fuera del radar de los viajeros internacionales. Sin embargo, sus paisajes espectaculares, su rica cultura y la cálida hospitalidad de sus habitantes la convierten en un destino que merece tenerse en consideración. Siguiendo la costa del Pacífico por el Sendero Costero de Michinoku, mi travesía estuvo marcada por la belleza de la naturaleza y por la cordial bienvenida que recibí en cada etapa.
13. Dejarse sorprender por la arquitectura de Astaná (Kazajistán)
Vista de los invernaderos con plantas tropicales en el Jardín Botánico de Astaná. ©YuTphotograph / Shutterstock
Alzándose sobre la estepa como un espejismo futurista de cristal y acero, la audaz y dinámica capital de Kazajistán es el legado del expresidente Nursultán Nazarbáyev y de su visión de futuro del país. Sus monumentales avenidas, enormes esferas cromadas y megaconstrucciones con forma de yurta y de pirámide reflejan la ambición de Astaná de convertirse en la ciudad tecnológicamente más avanzada de Asia Central.
14. Navegar en una embarcación tradicional hasta el territorio de los orangutanes (Malasia)
Conjunto de coloridas embarcaciones tradicionales. ©Cneo Osman / Shutterstock
Los ríos han moldeado Borneo durante miles de años, igual que han marcado la vida de su fauna y de las comunidades indígenas, que han dependido de las vías fluviales para asentarse y sobrevivir en una selva tropical antaño impenetrable. Recorrer en una embarcación tradicional las aguas verde esmeralda del lago Batang Ai y descubrir en primera persona este mundo en los límites del Parque Nacional de Batang Ai constituye una experiencia de primer orden.
15. Disfrutar del vino y la alta gastronomía en el Valle de Guadalupe (México)
Una copa de vino en los viñedos de Santo Tomás, en el Valle de Guadalupe. ©Mister Moisteer / Shutterstock
El Valle de Guadalupe, un destino vinícola en pleno auge donde se dan la mano la arquitectura contemporánea y los restaurantes de cocina de proximidad, es la principal región productora de vino de México. Situado a solo 2 h en coche al sur de San Diego, resulta muy fácil sumergirse en su animada escena enológica, favorecida por días cálidos y soleados durante todo el año y noches frescas y despejadas.
16. Recorrer los hoteles más emblemáticos de South Beach, Miami (Estados Unidos)
Colorida torre salvavidas en la playa de South Beach, Miami. ©Mateo Ruiz Ganzález for Lonely Planet
Cuando en el resto de EE UU hace frío, en Miami sigue haciendo un calor tropical. Tiene un estilo irresistible, desenfadado y sin ningún tipo de complejo a la hora de llamar la atención. South Beach combina el glamur de una ciudad sofisticada con el ambiente relajado de un pueblo costero, todo ello concentrado en un pequeño barrio perfecto para recorrer a pie. Hay pocos lugares como este para disfrutar del sol, vivir la noche entre sus magníficos hoteles art déco y disparar fotos sin cesar.
17. Saborear el placer de viajar sin prisas en Minnesota (Estados Unidos)
Carretera sinuosa y árboles coloridos en las colinas cerca del lago Caribou, en el norte de Minnesota. ©Dan Thornberg / Shutterstoc
La ruta panorámica que une Minneapolis con la Boundary Waters Canoe Wilderness Area recorre plácidamente la North Shore, la costa de Minnesota bañada por el espectacular lago Superior. Aquí el viajero encontrará de todo: historia de los pueblos indígenas y de las comunidades inmigrantes, aventuras al aire libre junto al lago y una ventana a algunos de los paisajes más agrestes de EE UU.
18. Embarcarse en una aventura en el océano (Polinesia Francesa)
Paisaje montañoso de la isla de Raiatea en la Polinesia Francesa. ©gg-foto / Shutterstockk
Puede parecer un poco obvio recomendar un destino tropical del sur del Pacífico por sus aguas color aguamarina. Pero en la Polinesia Francesa las experiencias en el océano van mucho más allá de relajarse en playas de arena blanca: son una oportunidad para comprender mejor la cultura polinesia y su forma de vida.
19. Recorrer el St Cuthbert's Way hasta Lindisfarne (Reino Unido)
Castillo de Lindisfarne en la costa de Northumberland. ©Fulcanelli / Shutterstock
El St Cuthbert's Way es una ruta que serpentea por las agrestes tierras altas de la frontera entre Inglaterra y Escocia, siguiendo los pasos del santo medieval que le da nombre (san Cutberto). Su tramo más espectacular es el último, cuando los peregrinos deben cruzar a pie una llanura intermareal durante la bajamar para alcanzar la isla sagrada de Lindisfarne.
20. Convertirse en guardián del faro de Rose Island por una noche en Rhode Island (Estados Unidos)
El faro de Rose Island se encuentra a un corto trayecto en barco desde Newport. ©Randy Kostichka / Shutterstock
Crecí en Rhode Island y siempre me encantó pasear por las calles empedradas de Newport y disfrutar del animado ambiente veraniego que llenaba la ciudad. Hoy en día, sus festivales de música y sus mansiones de la Edad Dorada son de sobra conocidos, pero pocos saben que, muy cerca, en la bahía de Narragansett, es posible convertirse por una noche en el guardián de uno de los faros más emblemáticos del estado.
21. Vivir el 'Fa'a Samoa' (Samoa)
Cascada Sopoaga entre la exuberante vegetación de Samoa. ©Ed Goodacre / Shutterstock
Con una abundancia casi desbordante de playas de arena blanca, aguas turquesas y palmeras mecidas por la brisa, Samoa responde con creces a la imagen del paraíso del sur del Pacífico. Pero también destaca por el profundo orgullo con el que conserva su singular cultura polinesia. A pesar de los esfuerzos de misioneros y potencias extranjeras por transformarla, Samoa y su gente han permanecido fieles al Fa'a Samoa, la muy querida “manera samoana de vivir”.
22. Descubrir el paraíso insular más desconocido de África (Santo Tomé y Príncipe)
Playa de Santo Tomé al amanecer. ©Aldo Pavan/Getty Images
Santo Tomé y Príncipe es uno de los secretos mejor guardados de África. Sus dos islas principales están cubiertas de exuberantes bosques y bordeadas por bahías salpicadas de islotes y playas desiertas. Su identidad se ha ido forjando bajo el influjo de espectaculares formaciones geológicas, una arquitectura que rezuma herencia portuguesa y una gastronomía y una escena musical sencillamente excepcionales. Este pequeño país insular me conquistó desde el mismo instante en que llegué.
23. Navegar por las islas Eolias (Sicilia)
Vista aérea de Panarea, en las islas Eolias. ©Gabriele Scotto di Fasano/Getty Images
Me encanta Italia, y no me importa que todo el mundo lo sepa. Como viajera que vuelve una y otra vez al Bel Paese (“el país hermoso”), siempre había soñado con descubrir sus islas y su litoral desde el mar, fondear en una cala y lanzarme al agua desde un velero. Ese deseo se hizo realidad el verano pasado, cuando pasé una semana navegando por las célebres islas Eolias, frente a la costa de Sicilia.
24. Seguir una ruta gastronómica en Taiwán
Puerta de entrada del mercado nocturno de Tonghua, en Taipei. ©Eldrich Linugo / Shutterstock
Las 16 tribus indígenas, las sucesivas oleadas migratorias procedentes de China y los 50 años de dominio japonés han dado lugar a un extraordinario patrimonio gastronómico en Taiwán. A ello se le suman el pescado y el marisco frescos, así como un territorio capaz de producir desde tés de alta montaña hasta mangos madurados al sol. Y como la isla no es muy grande, con una maleta pequeña y un gran apetito se podrá llegar muy lejos en este pequeño estado insular.
25. Hacer un safari a pie por el Parque Nacional de Gombe (Tanzania)
Chimpancés en el Parque Nacional de Gombe. ©Paco Forriol / Shutterstock
Corría el año 1960 cuando una joven Jane Goodall emprendió viaje a Gombe, en el oeste de Tanzania, para estudiar a los chimpancés. Considerada una de las conservacionistas más admiradas y queridas del mundo, Goodall falleció en el 2025, y no se me ocurre mejor manera de rendir homenaje a su legado y celebrar su vida que seguir sus pasos.